| Viaje a la EXPO 98 |
| Publicado en O Correo Galego el 3 de agosto de 1998 |
![]() La estación de Oriente, realizada por el arquitecto español Santiago Calatrava, uno de los más prestigiosos en el ámbito internacional, se convirtio en una de las estrellas de la muestra, pese a no estar propiamente dentro de ella. Sin embargo los turistas y los visitantes en general llegan admirados a contemplarla como una de las estrellas de la Expo. |
LA EXPO TAMBIÉN ES ARQUITECTURA Propaganda y avances de las civilizaciones, el eje de estas muestras universales Siglo y medio después de la primera exposición universal este año, hasta el 30 de septiembre, se celebra en Lisboa el último de estos acontecimientos que combinan dinero, espectáculo, propaganda y arquitectura. Las exposiciones universales tienen una importante relación con la arquitectura desde que en el siglo XIX comenzaron a realizarse, estas exposiciones fueron, y siguen siendo un mecanismo propagandístico de los logros de los países participantes, y sobre todo de la nación organizadora. Como dice Leonardo Benevolo en su indispensable obra Historia de la Arquitectura Moderna : "A través de las Exposiciones universales, a partir de 1851, podemos seguir fácilmente los progresos de la ingeniería en la segunda mitad del siglo XIX". Ya en la primera exposición universal, la de Londres de 1851, encontramos una edificación singular como fue el Palacio de Cristal, proyectado por Joseph Paxton, un constructor de invernaderos, que hizo un edificio totalmente prefabricado y desmontable. El Palacio de Cristal supuso una revolución técnica y estética, siendo reinterpretado en sucesivas exposiciones universales ; llegando a la espectacular "Galería de las Máquinas" de la exposición de París de 1889, en la que también se presento la Torre Eiffel. |
| Dentro del ámbito más puramente
arquitectónico cabe señalar la realización de un pabellón para la Exposición
Universal de 1929 en Barcelona que significó uno de los hitos más importantes de la
arquitectura de nuestro siglo; el Pabellón Alemán de Mies van der Rohe, que no tuvo una
repercusión demasiado importante en su época, como demuestra el hecho de que fuera
totalmente desmantelado y no se le diera valor hasta años más tarde. Afortunadamente
esta obra fue reconstruida hace unos años en el mismo lugar que ocupara en la ciudad de
Barcelona. En nuestro siglo las exposiciones universales fueron realizándose de vez en cuando por diversas ciudades del planeta, hasta llegar a esta de Lisboa, que será la última del siglo. Por su proximidad la comparación con la ultradeficitaria Expo 92 de Sevilla se hace casi inevitable. En ambos casos el terreno escogido para situar la exposición es una zona que se quiere rescatar y valorizar de la ciudad, la infrautilizada Isla de la Cartuja en Sevilla y en el caso de Lisboa unos terrenos de pasado industrial desde el siglo XIX, en los que se hallaba una refinería. El proyecto de la Expo lisboeta va más allá de la propia exposición, tanto en el tiempo como en el espacio (algo que lamentablemente no se hizo en Sevilla), y abarca un programa denominado Expo Urbe, destinado a vehiculizar el crecimiento de la ciudad mediante una arquitectura correcta y un urbanismo cuidado, en un plan con bastante parecido al realizado en la ciudad de Barcelona con motivo de las olimpiadas celebradas el año 1992, el mismo que relanzó la vitalidad de la ciudad. DE HORMIGÓN Y ACERO La Estación de Oriente, espectacular obra del arquitecto español Santiago Calatrava, es uno de los puntos de referencia de la exposición que acoge Lisboa. Centrándonos ya en lo que es el recinto de la Expo propiamente dicha deberíamos comenzar de todos modos nuestra visita por un edificio que se encuentra fuera de ella, la estación de Oriente, espectacular obra de Santiago Calatrava, esta estación lo es de trenes, autobuses y metro, además de poseer un amplio espacio comercial (que se verá ampliado el año que viene). La Estación de Oriente está realizada, siguiendo las inconfundibles pautas hipergóticas de la arquitectura de Calatrava, en hormigón y acero, con sugestivas formas en ambos materiales. La estación gana en ligereza a medida que vamos ascendiendo desde la estación de metro, más bien convencional, hasta la estación de tren que se encuentra cubierta por una especie de árboles de metal y vidrio que le dan su característica apariencia a la estación. Ya en el interior de la Expo los pabellones temáticos son al mismo tiempo los que parten con una vocación más representativa desde el punto de vista arquitectónico. En la Expo lisboeta, al contrario de lo que sucedía en Sevilla donde cada país hacía su edificio, los 147 países representados en Lisboa tienen sus pabellones dentro de unas naves conjuntas, con lo que se limitan las posibilidades arquitectónicas quedando estas reducidas al entorno de la exposición de cada país, en un trabajo de decoración de interiores; ya que el contenedor no es de un excesivo interés en el caso del área internacional norte, que puede tener algo de interés en sus laterales de vocación deconstructivista, en la pasarela lateral que los recorre (inaccesible al público) o en su cubierta, y en el caso de los pabellones del área internacional sur y de las organizaciones no pasan de ser aburridas cajas sin un interés especial. Así pues las estrellas de la muestra son los pabellones temáticos además del único pabellón de un país en edificio propio, el del país organizador, por supuesto. La indudable estrella de la muestra es el Oceanario (o Pabellón de los Océanos) de Peter Chermayeff, que es un edificio relativamente pequeño y muy adecuado a su contenido, con una interesantísima exposición de ambientes marinos de los océanos Índico, Pacífico, Atlántico y Antártico, además de un depósito central con numerosas especies marinas. Es sin duda la exposición más interesante de la Expo 98, y afortunadamente permanecerá después del cierre de la exposición, convirtiéndose en un punto de interés a visitar en los viajes a la ciudad de Lisboa. El edificio es simétrico (la mitad de trabajo, el doble de errores) y se divide en cuatro ambientes, cada uno en una de las esquinas del edificio y con un gran depósito central cilíndrico con cerca de 20000 ejemplares marinos en su interior; y sin llegar a entusiasmar, podría decirse que es un edificio correcto. El Pabellón de Portugal, obra de Siza Vieira y con una exposición multimedia diseñada por el otro gran arquitecto luso Souto de Moura es muy representativo del modo de hacer arquitectura de Álvaro Siza, un edificio blanco, correcto, elegante y quizá algo aburrido. Destaca la cubierta de la plaza ceremonial en la entrada del pabellón, realizada con una lámina curva de hormigón que cubre un gran espacio, en un pequeño alarde estructural. En el pabellón del Conocimiento de los mares de Carrilho da Graça destacan los volúmenes rotundos y sólidos en su exterior y los vacíos en su interior. No tiene un interés excesivo desde el punto de vista arquitectónico y podría pasar bastante desapercibido si estuviese inmerso en la ciudad. Paula Santos, Rui Ramos y Miguel Guedes son el trío que diseño el Pabellón del Futuro, un pabellón muy interesante, tanto por el espectáculo de su interior, como desde el punto de vista arquitectónico. Este pabellón presenta una piel metálica que protege los volúmenes que forman el pabellón, construido utilizando con profusión los mismos materiales que en la construcción de barcos (madera, acero, tela, vidrio). Es una edificación bastante elegante. Otra gran estrella de la Expo es el Pabellón de la Utopía, de Regino Cruz, en el que destaca, por encima de todo, su cubierta, realizada con estructura de madera laminada, obteniendo un perfil exterior peculiar. Sin embargo no son estos los únicos edificios con un cierto interés que tiene la exposición y merecen verse también las torres Galp (junto a la "Puerta del Mar") y Vasco da Gama, esta última con una interesante estructura exterior de barras de acero que pretende simular una vela de navío. El Pabellón de la Realidad Virtual de Portugal Telecom también se merece una foto, aunque su vocación es más escenográfica que arquitectónica. La sala Julio Verne, en la que destaca el gran volumen de color azul que emerge del edificio, también tiene un cierto interés. Un pabellón interesante es también el de la empresa Unicer (Pabellón del Agua) con una estructura en madera muy sugerente, en el que predominan los planos inclinados, pena que su contenido expositivo no esté a la altura del contenedor. Dentro de elementos menos representativos cabe citar dos realizaciones de espíritu deconstructivista que se sitúan junto al área internacional norte, el pequeño edificio de apoyo a los artistas y el edificio administrativo situado enfrente de este. También son de cierto interés los restaurantes flotantes. Sin embargo existen pequeños detalles arquitectónicos con un cierto interés, uno de los elementos que más llama la atención desde el punto de vista arquitectónico que posee la Expo es una pequeña estructura de hormigón que marca la entrada a la zona de la exposición marítima, sin una función clara, pero con una sencillez y elegancia muy destacables; también merece la pena fijarse en el diseño de los pictogramas indicativos, las fuentes, y algunos elementos de mobiliario urbano. De todos modos el hecho de que los países no puedan realizar edificios propios para sus pabellones limita el interés artístico de la Exposición. Sin embargo esta puede ser una buena excusa para visitar Lisboa, donde podemos disfrutar del ambiente de barrios coma Alfama, a Baixa o el Chiado, reconstruido con la dirección de Siza Vieira tras el incendio que lo asoló hace unos años, podemos admirar el estilo Manuelino del Monasterio de los Jerónimos en Belem, la famosa Torre, o si queremos arquitectura moderna y arte podemos visitar la Fundación Gulbenkian. Y ya puestos por qué no visitar el Palacio de Queluz o la villa de Sintra, patrimonio de la humanidad desde 1995. Sin duda, todos ellos mucho más interesantes que la Expo, pero que seguirán allí cuando esta cierre sus puertas el día 30 de septiembre. Ángel Sánchez González |
|
| Volver al principio de la página | |